
No es ningún secreto que los varones dominan los medios, la política, la publicidad. El mundo, bah.
Tampoco que nosotras las mujeres, muchas veces dejamos pasar cosas para no complicarnos más la vida.
Ocupadas en encontrar un espacio respetable en el mundo del trabajo.
Aprendiendo a detectar hombres bombas, esos que te explotan en la cara cuando estás distraída.
Haciendo miles de peripecias para que el motor de una casa siga funcionando.
Educando a nuestros hijos para que sean personas decentes.
Dejamos pasar.
Pero esto no lo voy a dejar pasar.
¿Puede ser, que a esta altura de la historia, de los hechos, de este siglo, la publicidad dedicada a las amas de casa, seguramente ideada por jovenzuelos de menos de treinta años, todavía parezca de los años 50?
Miren si no:
Hay una mujer a la que la frustración le pasa por la manchas rebeldes que le queda después de lavar.
Hay un niño quiere ser rey por un fin de semana y ordena que su padre no atienda llamadas del trabajo y que su madre ... no lave ropa!
Hay mujeres que toman calmantes femeninos para que los hombres no tengan que soportar su mal humor.
Hay hombres que ganan con mujeres hermosas sólo por usar desodorante Axe o afeitarse al ras.
Hay madres que compran dentífricos para que su marido triunfe en el trabajo con su sonrisa blanca.
Yo creo que no hay nada, absolutamente nada, que me importe menos que la blancura de las medias.